CRÓNICAS DESDE LA CUARTA DIMENSIÓN, DOCTOR WHO, CON ACE DECIMOS HASTA PRONTO Y CON PAUL MCGANN DECIMOS HOLA: LA SEMANA DE DOCTOR WHO (VII)

Artículo # 66 del año 2 del blog  (Y sería el artículo # 432, pero como ya acabó el bonito experimento de un blog por día, se reinicia la cuenta. La cuenta de Twitter @FutVerdolaga se lleva el premio a la peor cuenta  de la historia, que en lugar de lamentar la muerte de los jugadores del Chapecoense exigen que la copa del campeonato se la den a Nacional porque ganó por W. ¿Se puede ser más cabrón en la vida? Y lo peor es que siguen defendiendo sus argumentos. Sin duda hubo quienes se levantaron hoy con la ilusión de ganarse a medio mundo).

DOCTOR WHO
Ace, una acompañante hecha para pelear, más no para gritar, y para poner al Doctor un misterio de difícil resolución.

Todos sabrán que Rose Tyler en su tiempo fue un personaje que actuó como el epicentro de la trama de la primera temporada de la serie moderna por el misterio que la involucraba, aunque ella lo ignoraba, del Lobo Feroz (Bad Wolf en el original), un grafitti que se vio durante toda la primera serie a lo largo del tiempo y el espacio, y que la involucraba con un poder casi divino que adquiriría para salvar la vida del Doctor (un ejemplo perfecto de lo que es Deus ex Machina) al final. Pero antes de Rose Tyler estuvo Ace, una chica desplazada de su época por una explosión química hasta un planeta helado, donde tuvo que dedicarse a ser mesera hasta que conoció al Séptimo Doctor y decidió acompañarlo en sus viajes, llamarlo “Profesor” y autoproclamarse su protector. Pero éste protector tenía los ojos puestos en su pupila, que su aguda mente notaba que eso de la explosión que la llevó fuera de su época tenía mucho más.

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Ambos estaban para llevarse bien, ¿Pero qué ocultaban realmente?

Los posteriores viajes del Doctor y Ace comenzaron a llevar a pistas, que en algún momento el Doctor descubrió un cuadro  victoriano en el que la chica figuraba, y viajaron hacia atrás en el tiempo en el siglo XIX a una mansión que Ace quemara a sus 13 años por la malvada presencia que estaba en su interior, y que sentía, pero que fue interpretada como vandalismo. Y es que la vida de Ace era todo menos tranquila, ya que ella odiaba con desdén a su madre, con quien tenía una terrible relación, y tuvo que pasar por un terrible episodio de discriminación cuando una amiga suya fue víctima de un ataque con bombas molotov en su hogar por culpa de un grupo racista. De ahí que Ace escondiera sus inseguridades bajo un exterior rudo y una chaqueta de cuero con todos los pines del mundo en ella – un reto para los cosplayers que desean recrearla- y se viera como una chica rebelde con una mochila repleta de un explosivo de su invención llamado Nitro-9.

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Ace era ruda, pero siempre tenía tiempo para divertirse.

Y no fue hasta el penúltimo serial – que cuando la serie alcanzaba su recta final redujo la cantidad de seriales a cuatro por temporada- The Curse of Fenric que todo se reveló como un complicado plan de una entidad tan malvada y antigua como el mundo que fue aprisionada por el Doctor  al no poder encontrar la resolución de un juego de ajedrez, y que durante la Segunda Guerra Mundial se manifestaría para vengarse del Doctor, a quien atraería con el misterio de su compañera, a quien llevó a Iceworld, esperando, sabiendo que su más odiado enemigo la acogería y llevaría con él. Allí Ace conocería a su abuela, quien sirviera en la marina durante la Segunda Guerra Mundial  y tendría una hija con un marinero, misma que la chica podría ver de frente en sus primeros años de vida, y que le haría cuestionarse todo el odio que le tenía. Afortunadamente Ace pudo sobrevivir a toda la locura de Fenric, que involucraba vampiros subacuáticos de un futuro alternativo – antes que The Vampires of Venice-, un letal gas nervioso, y el intento de unos espías rusos para hacerse con una poderosa computadora codificadora propiedad de los ingleses para volver a su hogar, Perivale.

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Parecía el final del camino, pero no era así.

Tras pasar por una disparatada última aventura que involucró la aparición final de Anthony Ainley como The Master y una civilización de hombres chita cazadores de otra dimensión, Doctor Who se acababa, cerrando con Sylvester McCoy como el Séptimo Doctor y Sophie Aldred mientras se dirigían a otra aventura a mundos donde los edificios eran de música,  la gente de humo y el té se enfriaba. Y esto sin duda fue algo inverosímil, que tras 26 años  de serie la que era una institución de la ciencia ficción dejaría de emitirse. Años de historias que probaban de lo que los malos eran capaces y lo que los buenos podían hacer para combatir y reparar sus perjuicios terminaba su primera etapa, que luego vendría más, ya que sin haber entregado previamente el rol del Doctor, McCoy seguiría haciendo apariciones en programas para niños y en el especial benéfico por los 30 años del Show, Dimensions in Time, una historia multidoctor que hacía crossover con la telenovela del momento Eastenders, y que sería por un tiempo, junto con cómics y novelas- que a su vez revelaban algo del futuro de Ace- , lo único que habría de las andanzas de la séptima encarnación del viajero del tiempo.

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Doctores sobrevivientes en un show con la bendición de John Nathan Turner. Como medio cutre.

El daño estaba hecho. Michael Grade había conseguido que Doctor Who se dejara de producir en un hiato que superaba el que se vivió entre la temporada 22 y a 23 entre 1985 y 1986, también gracias a que John Nathan Turner llevó al show más exitoso de los sábados por la noche en la BBC por un derrotero del que no se pudo recuperar con ideas arbitrarias que no fueron del agrado de los fans. Pasarían un total de 7 años hasta que los televidentes volvieran a saber algo del show, que traspasaba el Atlántico en un último intento antes que acabara el siglo para revivirlo dentro de un telefilm que de haber tenido éxito habría significado una nueva era para el Doctor de manos de los estadounidenses.

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Luego de hacer muy poco desde el final del Show con las llaves, a McCoy le llegó el turno de entregarlas.

Ya que la BBC no tenía dinero para financiar más Doctor Who, la idea de ofrecer a Universal Studios el desarrollo de la serie a partir del momento sonaba tentadora. El programa estaría mejor en un lugar donde sí tuvieran presupuesto para entretenimiento, pensaron, pese a que la casa del show era Inglaterra, que habría sido como sacar a Monty Python del Reino Unido para hacerle un relanzamiento, cuando al igual que Doctor Who era la esencia de lo británico. Muchos actores fueron nominados para el papel del nuevo Doctor, desde Hugh Laurie hasta Eric Idle y  Peter Capaldi – si a décadas de asentarse en el show como el 12mo Doctor- pero al final el inglés Paul McGann se quedaría con el rol, incluso desbancando a su hermano, con quien había ido a hacer el casting. McGann habría sido una regeneración posterior a la muerte del 4to Doctor, que en la BBC sugirieron relanzar la serie por completo y poner a Tom Baker porque en Estados Unidos era bastante popular, pero la gente de Universal estaba en contra de esto y decidieron apegarse a la continuidad, que lo que tenían preparado era ambicioso.

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Y pues con Amblin a bordo del bus no se podía esperar menos.

Doctor Who, La Película, o como sería conocido también, The Enemy Within, coproducción de Universal y Amblin Studios – quienes terminarían retirándose después –  de 1995 fue el resultado condensado de una primera historia que involucraba al Doctor en una escena de apertura en la Segunda Guerra Mundial buscando un antídoto y tener como compañero a un cuarto modelo de K9 llamado Winston – por Winston Churchill, obviamente-. Varias cosas se retirarían y se reescribiría el argumento para situar al Séptimo Doctor   en medio de un fuego cruzado entre pandillas en las peligrosas calles de los Ángeles, para luego ser llevado a un centro médico, donde la doctora a cargo no sabría qué hacer al ver que su paciente no tenía uno, sino dos corazones, y terminaría por no poder hacer nada y llevarlo a la muerte, o eso creía ella, que lo que se conjuraba aquí era el comienzo de otra historia.

Al menos McCoy aquí no tuvo que hacer de él mismo y de su sucesor como la vez anterior.

Aquí terminaba la era McCoy, tristemente  acortada por el hiato y la aparente cancelación de Doctor Who, y comenzaba otra en suelo americano a través de un telefilm de prueba que encargara Universal y pidiera a FOX que emitiera en la noche de sábado para ver la reacción de la audiencia estadounidense con la película, para ver si lo de producir Doctor Who fuera de Inglaterra era factible. El Doctor de Paul McGann, el Octavo, demostraría ser una encarnación memorable y atemporal – cosa que quedaba asegurada al ver sus gustos en el vestir, si tenemos claro que se vestía con un disfraz del legendario sheriff “Salvaje” Bill Hickok- que para su primera aventura tendría que lidiar con un resucitado Master, a quien se le suponía muerto luego de ser juzgado por los Daleks por sus crímenes – en una historia donde los Daleks necesitan juzgar antes de exterminar, habrase visto- pero había regresado como una cobra fantasmagórica para poseer el cuerpo del hermano de Julia Roberts, aquí un enfermero, que pretendía acabar con el mundo en la Nochevieja de 1999.

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Me lleva la que me trajo, un Master Americano.

Con el Doctor todavía confundido por su reciente regeneración, tendría que depender de la doctora que lo vio morir, Grace Holloway – interpretada por la actriz de Star Trek, Daphne Ashbrook- y del chico que lo salvara luego del tiroteo entre pandillas, Chang Lee – un tal Yee Jee TSo- para reparar su TARDIS y dar caza  a The Master, quien quería desatar el poder del Ojo de la Armonía en el interior de la TARDIS para causar el caos. Pero sobre esto y más mañana que a la hora que escribo esto soy consciente que mañana hay que madrugar. Mañana cerramos con la “semana” de Doctor Who terminando de relatar la vida y obra del Octavo Doctor en su primera y durante mucho tiempo última aparición en pantalla,

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Un Doctor que merece toda una temporada para él y la BBC nada que le cumple.
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