Crónicas desde la Cuarta Dimensión,Doctor Who, Los Primeros Años : La Semana de Doctor Who (I)

Artículo # 60 del año 2 del blog  (Y sería el artículo # 426, pero como ya acabó el bonito experimento de un blog por día, se reinicia la cuenta. Al momento de escribir esto, noto que mi interés por el blog ha bajado, y que prefiero hacer otras cosas, como escribir cuentos o guiones técnicos para cómics. Pero cuando me pongo en forma para escribir los artículos de la semana, estas ansias desaparecen.  Y están a punto de hacerlo justo ahora, que comienzo con el artículo del lunes, que leerán mañana temprano).

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Un show que hará que mis nietos me contacten por la Ouija para contarme sobre el nuevo Doctor.

El miércoles 23 de noviembre, Doctor Who completará 53 años como el programa de ciencia ficción más longevo de la televisión británica. Y eso es decir poco, que en medio siglo de vida esta serie lleva maravillando a los espectadores de sus hogares, haciéndolos soñar  con futuros probables, planetas imposibles y aventuras en épocas remotas para descubrir misterios que el tiempo olvidó.  Como tenía planeado dedicar cinco artículos en homenaje a la serie, que ya he escrito antes sobre la misma, se me ha ocurrido comenzar hablando de los primeros tiempos del programa, cosa que suelo hacer con mucha frecuencia en una paginita que tengo por ahí en el Facebook dedicada a esa época que sólo los aficionados curiosos por saber cómo el Doctor se las apañaba en los viejos tiempos. Así que sin más preámbulos, aquí va un artículo tipo “pues lo que salga”, y espero no terminen enojados al terminar la lectura.

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Las gafas no se le quedaron a Hartnell, que con monóculo se veía más intelectual.

Es indiscutible que cuando alguien menciona – o mencionaba- Doctor Who se le considera un “geek” por todo lo alto, que como un fandom emergente con respecto a su popularidad, los whovians, como fueron bautizados por la prensa inglesa, no podían disimular su gusto por la serie. Y pues hacen justo lo que cualquiera hace cuando le gusta algo, adoptar en su vestuario accesorios relacionados con la serie. La bufanda de Tom Baker (Cuarto Doctor) es todo un clásico, sino la bandera del fandom, el corbatín de Matt Smith (Undécimo Doctor) lo hemos lucido los seguidores sin ser profesores de geografía, y como no, la verborrea de David Tennant (Décimo Doctor) con sus frases más célebres sale a relucir en una conversación, la que sea.  Este éxito desmedido ni siquiera se idealizaba en los comienzos de la serie, que era una propuesta lanzada a la BBC por el creativo canadiense Sidney Newman a la BBC para un programa que tuviera la intención de educar a la familia, al mismo tiempo que entretenía, y que fuera de ciencia ficción, protagonizado por un hombre con el poder de viajar a donde le diera la gana gracias a su máquina del tiempo. Ése héroe epónimo conocido como el Doctor sería el veterano actor William Hartnell, y a bordo de su TARDIS ningún destino del continuum tiempo espacio le quedaría corto, por más peligroso que fuera.

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Hecho con tres pesos, pero te hacían creer que el Doctor estaba parado en un paisaje alienígena y que los dos con pinta de Cascarudos eran alienígenas insectoides.

A decir verdad los británicos tienen una concepción extraña de cómo debe ser un héroe, que en principio el Doctor de Hartnell no demuestra mucho ser una buena persona. Y su primer gesto para develar esto es secuestrar a quienes serían sus dos primeros acompañantes humanos, Ian Chesterton – a quien le pronunciaría el apellido de forma equivocada seguido- y Barbara Wright, ambos profesores de su nieta, Susan, que mientras su abuelo, alienígena como ella arreglaba su nave, se entretenía asistiendo a la escuela como suelen hacer los niños de la Tierra. Y bueno, el arribo a la Tierra del Siglo XX se suponía que se haría de la manera más disimulada y discreta posible, que lo menos que quería el Doctor era llamar la atención, pero eso desafortunadamente llevó a que Ian y Barbara los siguieran a ambos para saber el origen de la mente brillante y excéntrica de la niña, que no podía realizar cálculos de área del cuadrado porque ella los hacía pero teniendo en cuenta la cuarta dimensión, el tiempo – muy abstracto para decirlo bien aquí- y sus dudas sobre los registros históricos   que se llevaron a cabo sobre la Revolución Francesa. La curiosidad y falta de hobbies de los dos maestros los llevaría a que tuvieran su encontronazo con el Doctor, se terminaran metiendo a la fuerza a su TARDIS, que era inexplicablemente más grande por dentro que por fuera, y por cosa del viajero, que no quería que a nadie le soltaran nada sobre ellos o sobre su máquina, terminaron siendo forzados a acompañarle. Y ambos intentarían sacarle provecho a la situación, sabiéndose rehenes del tiempo.

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Cuando pienso que el Doctor sencillamente los pudo dejar ir y ya enseguida me viene a la mente que ambos fueran a alterar el continuum espacio tiempo por decirle a todos sobre él y su TARDIS.

Y esta era la premisa de la primera aventura del Doctor, llevada a cabo con las uñas por Verity Lambert y Waris Hussein, productora y director que en contra de un presupuesto risible y el temor a la cancelación levantaron los cimientos de una leyenda mundial de la ciencia ficción, que suya fue la idea de incluir a William Hartnell como el protagonista, al que casi tuvieron que pedir con lágrimas en los ojos que les diera una mano haciendo él del Doctor, hasta que accedió, viéndose impulsado por el hecho de que el encasillamiento ya hacía mella en su carrera, que de un tiempo para acá no salía de ser un oficial estricto y de disciplina férrea en medio de indisciplinados. Él era el Doctor, un personaje que fuera de Inglaterra no caería bien en principio, pero como ya dije, en Inglaterra son raros, fue aceptado casi inmediatamente por el público, también por la ayudita de quienes se convertirían en la principal némesis de él y de sus encarnaciones en los años por venir, los Daleks.

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Casi que no salían por culpa de Sidney Newman, pero eso habría significado que hoy Hartnell se hubiera convertido en leyenda.

Creo que la palabra Dalek le viene a la mente a cualquiera que evoque una imagen relacionada con Doctor Who después de la TARDIS, la bufanda del 4to Doctor o un destornillador sónico – que ahora hacen lo que sea- , que no es que fueran de motivación muy original, que seguro en algún punto recóndito de su mente Terry Nation, escritor de la primera historia de estos seres androides evocó a los nazis, que prácticamente eliminaban a cualquiera que fuera distinto a ellos – los “no-arios”- y se erigían como una “raza superior”, pretendiendo expandir esta filosofía por el mundo conocido. Así mismo eran los Daleks, xenófobos que viajaban de planeta en planeta asimilando mundos y eliminando razas por no ser cefalópodos mutantes  en armazones metálicos como ellos, que en un país donde lo aterrador es genial y los monstruos son héroes, despertaron una fiebre total por unos aborrecibles seres malignos con pinta de salero.

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A los Daleks se les tomaba en serio pero siempre había momento para el chascarrillo.

Y eso es  parcialmente la época Hartnell, que su Doctor fue el que más enfrentó en más ocasiones a los Daleks, que desde su primer serial aseguraban un punteo en el rating de las tardes de sábado, que eran la voz de una generación también, pese a que hablaban de manera monótona y metálica. Los viajes a través de la historia humana no faltaron, que ésta parte era realizada con la intención de enseñar a la familia sobre historia, mientras que con los seriales dedicados a aventuras en el futuro y otros mundos se enseñaba sobre ciencia – y como no, hasta se enseñaba como causar un corto circuito, por si el vandalismo.  El Doctor y sus amigos llegaron a conocer a Marco Polo, intentaron cambiar la burda costumbre de sacrificar gente de los aztecas, y vivieron en carne propia la Revolución Francesa. Tristemente muchos seriales de Hartnell están perdidos, incluyendo los históricos, de los que sólo queda enterarse de ellos gracias a novelizaciones de los guiones y montajes realizados con el audio sobreviviente y fotos.

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Hasta el sol de hoy Waris Hussein sigue quejándose por que Marco Polo sigue perdido.

Y como el Doctor, pilar de la serie, era el único elemento inmutable del elenco, frente a sus ojos desfilaron puñados de asistentes luego que sus tres originales lo dejaran. Su nieta Susan fue la primera, que más bien ella fue dejada en algún punto del siglo XXII por su abuelo para que hiciera su vida – no comprendo totalmente este proceder, pero sin duda fue conmovedor- y los maestros de ésta le seguirían mucho después, que al ver una alternativa para regresar a su época a bordo de una máquina del tiempo Dalek – mucho mejor que la TARDIS al permitir a sus ocupantes viajar de manera acertada al destino que quisieran- seguirían otros. Una joven del futuro que era huérfana de padre, un piloto del siglo XXV, la descendiente de una chica francesa que el Doctor conoció en uno de sus viajes al pasado, y una esclava griega que lo creía Zeus, que aquí la cosa estaba en experimentar poniendo acompañantes de diversa naturaleza y origen al Doctor, en un intento por suplir a los tres primeros, que ya habían ganado el corazón del público.

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¿Ya luego del desfile estrafalario de acompañantes qué seguiría, un perro mecánico? Sí, ve puede ver venir aquello en el futuro próximo.

Pero con Daleks o con nuevos compañeros, el programa no tenía la garantía de permanecer eternamente en pantalla, que su pilar, William Hartnell no gozaba de buena salud, cosa que ocasionaba que colapsara y que los diálogos se le olvidaran, lo que minimizaba su permanencia en pantalla, y sus acompañantes tuvieran más presencia escénica para suplir la falta del actor principal. Sí alguna vez Hartnell aseguró con cierta soberbia que nadie era eterno ni indispensable, en una manera de dejar claro que esto no se aplicaba a él, el tiempo se encargaría de hacerle ver que ese pensamiento tenía su base de verdad y que ni él mismo ni el éxito que había generado en Doctor Who lo hacían permeable a este principio. Se requeriría en 1966 que a Hartnell se le relevara urgentemente, y no valía poner a otro actor en las fachas del Doctor, con peluca y traje eduardiano sino a una cara totalmente nueva para perpetuar el programa por algún tiempo más. Con esta intención las regeneraciones y Patrick Troughton se harían de un lugar en el show.

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Troughton se parecía a Hartnell a lo que un huevo se parecía a una castaña, pero poco después dejaría de importar eso.

El Doctor moriría en pantalla durante su última aventura frenando el drenaje energético a la Tierra por parte de los Cybermen, provenientes del décimo planeta de nuestro sistema solar, Mondas, y frente a la pasmada mirada de sus dos últimos acompañantes, una chica secretaria llamada Polly, a la que le terminaron legando la llave de la TARDIS porque sí, y el valeroso marino Ben, que ayudó al Doctor tiempo atrás en una aventura contra unos autómatas comandados por un ordenador maligno, la cara del viajero del tiempo cambiaba, y junto con esta, su personalidad, que la alternación de personaje venía con el paquete completo, que el sucesor de William Hartnell, el popular actor inglés Patrick Troughton venía dispuesto a tirar la casa por la ventana, que en su era se acabaría el ser un señor que desdeñaba al tiempo que apreciaba a sus acompañantes, y que los consideraba más amigos que asistentes a los cuales tolerar. Un derroche de jovialidad era ese Troughton, que logró conquistar los corazones de la audiencia con su soberbia actuación de “vagabundo cósmico” altamente subestimable que bajo las narices de sus enemigos planeaba en grande cómo hacerles morder el polvo.

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Puede que por sus pintas parezca payaso, pero el Segundo Doctor si quería se podía cargar una raza entera sin apenas sudar, que por ejemplo aquí le reclaman por el hecho de dirigir una flota de invasores al Sol para evitar que nos conquistaran

Tres años duraría Troughton en su época donde el serial histórico se suprimió, a favor de la ciencia ficción pura y dura, pero que en sus estertores de muerte dejó como legado la revelación de uno de los acompañantes más interesantes de la serie clásica, un escocés del pasado que no tardaría en ganar la simpatía del público por ser acogido por el Doctor como amigo y no tanto como asistente, Jamie McCrimmon, que venía de un clan de gaiteros en plena guerra, pero que le daba lo mismo pelearse con un “Casaca Roja” que con un ser del espacio exterior hostil e invasor. Y es que este Jamie vería desfilar frente a sus ojos acompañante tras acompañante, que el cuarteto del Doctor, él mismo y Ben con Polly, se reduciría a la mitad para más tarde acoger a una señorita bien portada del siglo XIX llamada Victoria, huérfana de padre por los Daleks y que quedaría a cargo del señor del tiempo que haría de su tutor. Victoria no duraría mucho y sería reemplazada por Zoe, bibliotecaria supergenio de las matemáticas del años 2000 que a pesar de rivalizar intelectualmente con el Doctor no dejaba de ser una chica ingenua que se metía en peripecias cuando sus dos amigos la perdían de vista.

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Zoe y el Doctor amaban hacer callar a Jamie porque su IQ no les llegaba a los talones, lo cual me parece muy grosero.

Lamentablemente la etapa de Troughton es más anecdótica, que por culpa de la purga de programas por parte de la BBC en los setentas – allá eran enemigos de las reposiciones-  buena parte de sus seriales están perdidos, contándose sólo una docena de historias completas o reconstruidas para suplir unos cuantos episodios perdidos, que gracias a aplicados fans investigadores, se siguen encontrando a lo ancho y largo del mundo historias completas y episodios donde se puede apreciar la capacidad histriónica del actor, capaz de hacerse ver torpe y como el hombre más listo de la habitación simultáneamente. Y es que el Segundo Doctor tiene muchos méritos, que a él se debe la inclusión del Destornillador Sónico, principal herramienta de su personaje en futuras encarnaciones, y ser el Doctor de la serie clásica que más se las vio con los Cybermen, en una manera de retribuirles su responsabilidad por costarle una encarnación su primer enfrentamiento.

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Grande Patrick Troughton, un Doctor que merece ser mejor valorado.

Para el día de mañana más de esta historia de 53 años que aquí no más se ha rascado la superficie de los primeros años de Doctor Who, una etapa que merece todavía más atención por parte de los fans, lo cual felizmente se está logrando captar de a pocos con el pasar de los años.

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El segundo en la fila de regeneraciones, pero Troughton fue obviamente el primer Doctor músico.
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