Una de Vampiros: Black Jack, Para los Drácula, por Osamu Tezuka.

Artículo # 25 del año 2 del blog  (Y sería el artículo # 391, pero como ya acabó el bonito experimento de un blog por día, se reinicia la cuenta. No creo ser el único que encuentre muy similar We Bare Bears (Escandalosos) con Shirokuma Café, serie de anime a la en serio que quiero dedicarle reseña, aunque tenga resto de cosas que ver antes… Es difícil esta labor de reseñador, je).

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Black Jack y su don de dar a lo tétrico un aire todavía más tétrico. Aunque no tanto como Alabaster.

Empieza Octubre, mes que para algunos – y para las tiendas en general- representa una temprana Navidad, aunque algo tétrica y con remembranza a tiempos cuando se veneraba a la muerte como forma de agradecer que estamos vivos. Sí, la fiesta, como era de esperarse, adquirió una connotación comercial donde las compañías de dulces hacen su agosto, y las que hacen disfraces  bastante superficiales de los personajes de moda se preparan para bañarse en dinero como Rico McPato una vez terminada la temporada.  Como sea, el ambiente de Halloween es algo digno de sentirse, que para quienes ya estamos grandes para pedir dulces de casa en casa lo macabro y lo siniestro nos caen como anillo al dedo con esos personajes arquetípicos y tenebrosos como lo son los vampiros, los monstruos, los fantasmas, etc.  Y como no, hay historias con esa aura típica de octubre que son dignas de mencionarse durante todo el mes, como ésta con la que inicio, como suelo hacer, sobre una aventura de Black Jack, el cirujano de lo imposible, en su manga.

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El título sugiere que podríamos vernos con Bela Lugosi y Christopher Lee, pero no, nos muestran un drama colegial primero.

Shigeri Hamadara es una estudiante enfermiza y que padece una rara enfermedad sanguínea, pero eso no lo sabe su profesora, que asume que lo que tiene es anemia, y que un ratito al sol jugando con sus amigas no le hará daño. Claramente esta profesora merece el premio a la mejor docente del año, y aparte a la mejor homeópata aprendiz, porque sus pronósticos son errados, ya que Hamadara no aguanta nada y un golpe de lleno en la cabeza con un balón de Voleyball la deja inconsciente. Así que la profesora, sabiéndose una mala persona, decide ir por sí misma al hogar Hamadara para saber más de la familia de su alumna, con un padre que evita dejarse ver en público al asegurar que viaja mucho por negocios y que aparte es viudo, aún sin saber la profe qué es lo que espera al llegar.

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Si viven en una casona antigua e Igor te abre la puerta, sospecha ante todo.

Al llegar a la mansión Hamadara y observar lo tétrica que se ve desde fuera  – sólo faltaban las notas de órgano  flotando en el aire- y que la recibe un mayordomo todavía más tétrico, la profesora decide entrar y esperar al padre de Shigeri, quien le asegura que las dolencias de su hija  han sido revisadas por muchos médicos los cuales no han logrado dar con el mal que la aqueja. Aceptando la invitación a cenar del padre de su alumna, la profe intenta pasar una velada normal, hasta que se corta con el borde de una copa, y el inquietante sirviente del dueño de la casa se lleva una muestra de su sangre en un pañuelo  luego de curarle la herida. Y hasta aquí todo normal.

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Como será que les falta sutileza.

Sabiendo más de la condición de los Hamadara, la maestra ya no tiene dudas sobre las dolencias de Shigeri al saber de labios del padre que su condición lo limita a exponerse a la luz solar y a padecer de una condición débil, razones que lo obligan a salir sólo de noche y a dormir en una caja en el sótano hasta que el sol se oculte, cosa que nos deja bien claro de qué va el origen de los males de padre e hija, y su posible relación con lo sobrenatural. Ya que todo esto no hace más que acelerar la partida de la maestra de tan tétrico lugar, ella decide irse, pero el dueño le insiste que se quede porque es muy tarde y porque perros salvajes pueden atacarla, con lo que ella se convence, muy a su pesar de que por esta noche será la invitada de su aterrador anfitrión.

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Y la noche será lo bastante larga para que no se acaben las sorpresas.

Luego que Black Jack irrumpe en su cuarto, la maestra, fiándose de su tenebroso aspecto, no puede evitar sentirse perdida. Pero sabemos de sobra que Kuro Hazama es un alma de Dios bien intencionado, salvo cuando de cobrar se trata, con lo que no más entrar, le confiesa que él es el Doctor de Shigeri, y que está encargado de velar por su salud. Pero en cuanto sepa que la mujer ha sido forzada a quedarse a base de excusas, BJ la exhortará a huir de allí, ya que su vida corre verdadero peligro. Pero desafortunadamente, mientras desciende  por la ventana agarrada a unas cuerdas de las cortinas, el greñudo sirviente de Hamadara frustra el escape.

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Faltó planear mejor la fuga.

En el sótano del dueño de la casa, la maestra es torturada con las confesiones de Hamadara que le explica que tras  estudiar la sangre que derramó al cortarse con la copa en la cena, encontraron a la donante perfecta para hacer una transfusión de sangre tipo RH negativo, bastante rara, pero que bastará para curar a la pequeña Shigeri de un mal que aqueja desde hace siglos, y que la aqueja a ella desde que estaba en el vientre de su madre,  debido a que la sangre de ambas hizo contacto y dio como resultado la rara enfermedad que intentan aliviar. Pero como el resultado del procedimiento será mortal para la profesora, Black Jack no podrá contradecir los deseos del padre de la chica, que le obliga a proceder mientras su sirviente lo encañona ya que sus métodos no han hecho efecto en ella, por vez primera.

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El padre de Shigeri tiene las manos grandes…

Defendiéndose con el argumento de que no intentó nada hasta que alguien con RH Negativo muriera para hacer la transfusión, Black Jack está entre la espada y la pared, hasta que recuerda que su puntería es increíblemente endemoniada y le arroja la jeringa extractora al cuello del sirviente, con lo que logra desarmarlo. Quedando libre de Igor, todavía queda Hamadara, que decide lanzarle una horquilla, que arroja justo al palo donde la maestra estaba amarrada, y el cual se dirige mortalmente hacia él hasta apuñalarlo con un extremo de madera filosa en el pecho.

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Irónico final para un pseudo-vampiro.

En sus últimos segundos de vida, Hamadara pide a Black Jack que le de su sangre a su hija, cosa que él acepta gustoso, ya que gracias a ello podrá cobrar el dinero que le pidió por la intervención. Una vez muerto aquel hombre, Black Jack decide dedicar la operación a una familia en especial, la cual no es otra que la familia Drácula, como se llamaban realmente los Hamadara, cerrando esta noche de revelaciones.

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Increíble entintado de la triste casona.

Otro contrato para Black Jack que no cierra precisamente con un final feliz del todo, pero bueno. Además  no puedo esperar a regalarles otra reseña sobre el personaje, o más bien a su serie de OVAs, por motivo de Halloween, y que están a otro nivel.

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Black Jack el Cazavampiros pudo ser un buen Spin-Off de la original.
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