CUANDO EL BARDO DE NORTHAMPTON CONOCIÓ AL VISIONARIO DE IMAGE: CRÓNICAS DE UNA COLABORACIÓN CONDENADA Y MALHABIDA (Final).

Blog # 339 (y con éste restan 26  blogs para completar el bonito experimento de un blog por día. Y la Tercera Guerra Mundial tendrá a los defensores y detractores de Pokemon Go! enfrentándose entre ellos en un conflicto bélico internacional que tal vez trascienda este mundo, y quien quita, esta dimensión).

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Y tal vez Alan Moore aprendió  a no fiarse de un “Hot Artist” veterano como Jim Lee que le manosea la obra con sus secuaces.

Cuando Alan Moore ingresó a Image imaginó fuentes que arrojaban hidromiel y cheques gordos por escribir one-shots para las series regulares que salían en 1993, ya que aparte de dinero le prometían libertad y derechos por lo creado por él allí. Desafortunadamente no todo fue miel sobre hojuelas para él, ya que su miniserie 1963 no fue concluida por la negligencia de Jim Lee y el desbando de los fundadores de Image, que se largaron de la editorial para fundar sus propios estudios con sus propias creaciones. Aunque trabajó en Spawn y Wild C.A.T.s, lo hecho allí no fue lo mejor de su obra, pero sí era interesante, y aún así parecía  que  Moore logró en cierta forma reivindicarse por supuestamente causar que los cómics de héroes en los noventas fueran nefastos, hasta cierto punto, que para eso faltaba un trabajo más antes de irse volando de Image.

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Y es que faltaba la cereza en el pastel de los pastisches.

Todos conocen a Rob Liefeld, aquel supuesto dibujante que se llena la boca por redes por haber co-creado a Deadpool y vanagloriarse de crear otros personajes del universo mutante de Marvel que nadie recuerda, y obviamente conocen su manía por “crear” homenajes a personajes clásicos, y presentarlos como propios e innovadores. Han visto su Bloodwulf, su Glory, y su Smash – que es sin duda el mayor plagio a Hulk jamás hecho -, y seguramente a su Supreme, que era un Superman cabreado y de pelo y traje blancos que se pegaba con los dioses asgardianos. Obviamente Moore vio potencial en este plagio descarado del Hombre de Acero sin sustancia ni razón de ser, y decidió darle una continuidad que se remontaba a la edad de oro, haciendo como si el personaje pasara por cada una de las etapas de la historia del cómic hasta el presente, retconeandose una y otra vez hasta darle dimensiones a tan seco calco de Kal-El.

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Y posteriormente vendría la colaboración de Moore en Awesome Comics, pero esa es otra historia.

Sabiendo ya que Moore dio mucha muestra de su pluma en Image, y eso antes de que la editorial se volviera casa de excelentes series de ciencia ficción como Saga de Brian K. Vaughan, llegaría el ocaso de los noventas y una propuesta para el escritor inglés de parte de su antiguo patrón, Jim Lee. Para 1998, el dibujante ya se había pirado de Image junto a sus creaciones, Wild C.A.Ts y Stormwatch, principalmente, a su propio estudio, Wildstorm, donde Warren Ellis ya hacía muestra de su talento, rescatando a Stormwatch del somnífero letargo al hacer una serie más interesante y con la ciencia ficción a la orden del día, y aportando otras obras como Planetary, donde hacía gala de su gusto por hacer pastische bien hecho y complejo con cine de ciencia ficción, cómics y el pulp.  Como Lee se acordó después que un tal Alan Moore colaboró con él durante su estadía  en Image, se le ocurrió proponerle darle una editorial propia para su trabajo, donde él tendría control creativo total en todo lo que se le ocurriera publicar. Esto para Moore fue como si le dieran las llaves del Cielo para remodelarlo a su antojo, así que el buen hombre aceptó. Comenzando con bautizar la editorial con el nombre de una revista antológica de superhéroes libres de derechos de los cuarentas llamada America’s Best Comics, nuestro buen amigo Alan comenzó a desatarse como nunca en sus series de creación propia.

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Un crossover entre famosas figuras literarias victorianas era algo que sólo podría salir de la cabeza enmarañada de Alan Moore.

Y es que Moore tenía preparado un arsenal de series, cada una más auténtica que la anterior, y que una vez más era una oda a las historias de antaño de superhéroes, que homenajeaban esos relatos simpes y llenos de emoción y aventura, que para resaltarlos, era necesario ubicarlos en series nuevas, y no en las de otros autores, cosa que el autor de Watchmen aprendió bien en Image. Y es que si por un lado estaba la Liga de Caballeros Extraordinarios, con una alineación de héroes y villanos de la literatura universal al servicio de la Monarquía Inglesa en misiones como enfrentar el ingenio volador de Moriarty e impedir la Guerra de los Mundos, por el otro estaba Tom Strong, un aventurero a lo Doc Savage con cien años de edad, que junto a su disfuncional familia enfrentaban villanos y situaciones que desafiaban toda lógica, ya que Tom Strong no le hacía el feo a ninguna aventura que se le plantara por delante.

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Atrapado en una dimensión alterna donde la civilización azteca tiene cautivo a un dios serpiente cibernético. Y esto es lo más ligero que Tom Strong tiene para presentar.

Y es que Moore tenía historias a manos llenas para repartir entre sus adeptos, que si bien nos malcriaba con historias increíbles que recordaban a los cómics clásicos, pero se veían tan frescas como si hubieran sido pensadas el día anterior, las opciones seguían siendo numerosas, como el drama en un precinto policíal en una ciudad poblada por héroes y villanos, Top Ten, así como la guardiana onírica de las historias, Promethea, dueña de un legado de predecesoras que han nacido gracias a la pericia de escritores y escritoras. Moore parecía contento con su propio y bonito sello cedido por Jim Lee, quien estaba más feliz todavía por lo que significaban las ventas de la editorial y el haber apadrinado el talento de Moore. Pero Jim Lee, siendo un empresario con los ojos más grandes que el estómago, quería todavía más, y no le importaba satisfacer su ansia aún si la confianza depositada por Moore en él se mermaba.

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“¡Viva, viva, yo!” parecía pensar  Jim Lee tras haber reutilizado por enésima vez a Alan Moore.

Entrado el nuevo milenio, Jim Lee haría una jugarreta maestra para forrarse con más dinero sin tener que dibujar un solo pin-up superheroíco, y ésta se componía de vender Wildstorm a DC Comics, lo que incluía cederle el manejo de ABC  a la editorial de Batman y Superman. Esto Moore lo sintió cual cachetada, e indignado por ser prácticamente entregado a la editorial a la que juró nunca regalar ni tres palabras, decidió alejarse. Pero luego de que Lee fuera a viajar y visitarlo, prometiéndole que su archi-némesis no le diría ni prohibiría nada, Moore acepto, pero esto sólo era una promesa vacía, ya que con cheque en mano, Jim Lee pisaría el acelerador y se iría pirado de  Wildstorm a DC, olvidándose de lo que prometió a Moore.

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Y era inevitable el enfrentamiento entre dos titanes del medio de los cómics: Alan Moore, y la propia DC.

Debido a un anuncio clásico que aparecía en La Liga de los Caballeros Extraordinarios, y que mencionaba una crema  milagrosa para la zona íntima femenina, en DC saltaron en cólera, ya que dicha crema se llamaba Marvel, y temieron que la competencia se ofendiera al ver dicho anuncio y se lo tomara como un insulto. Como DC es conocido por ser muy sensato y sutil, mandaron destruir todas las copias de dicho número, que se contaban por miles para evitar inconformidades. Esto no gustó nada a Moore, que juró no volver a trabajar en ABC, y decidió cerrar sus series antes de irse, sintiéndose indignado por el caso en el que un simple anuncio, aparte legítimo, causó tanta conmoción.

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Y pensar que solían compartir el pan y todo esos dos.

Desde entonces, Moore se despidió de las editoriales y series regulares, y hace lo propio en sellos independientes como Avatar Press, en el cual el sexo y la violencia incómodos están a manos llenas. Sus personajes se quedaron en DC/Wildstorm y tuvieron nuevas historias, salvo La Liga de Caballeros  Extraordinaros, a la que Moore conservó sus derechos, y a la cual sigue haciendo historias por su cuenta, cuando se acuerda, porque él y su dibujante adoran hacer pereza como Kentaro Miura, porque con o sin Image, y con las verdades a medias de  Jim Lee, Alan Moore prevaleció.

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Aunque con traiciones de por medio Moore parezca confiar cada vez menos en la humanidad, todavía queda una bibliografía larga y excelente de su obra para revisitar.
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