Las Tribulaciones de un Fan de los Cómics en los Noventas: Fanboy, por Mark Evanier y Sergio Aragonés.

Blog # 333 (y con éste restan 32 blogs para completar el bonito experimento de un blog por día.  10 de cada 10 fans de la obra de Miyasaki mencionan a Totoro como un referente de su producción fílmica, mientras que 0 de cada 10 refieren a Conan, el Niño del Futuro, cuando es lo más Yamasaki de su producción, con el mensaje ecologista y todo).

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¿Los han llegado a llamar fanboys en algún foro o publicación sobre cómic en Facebook a manera de insulto? A mí sí, y lo peor es que me lo han dicho en la vida real durante una acalorada discusión sobre el trabajo de Frank Miller en cierta serie noir publicada por Dark Horse. Y es curioso que en esta época ser considerado fanboy es comparable a que te llamen otaco, cuando hace un par de décadas éste era sinónimo  de un lector y coleccionista apasionado de cómics y artículos relacionados, que aunque era marginados por sus gustos, considerados infantiles, se les miraba por debajo del hombro como niños grandes que nunca tendrían una cita o serían respetados a nivel social.

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Un fanboy vieja guardia contra uno contemporáneo. Cómo cambian los tiempos.

Para 1999, Mark Evanier, escritor conocido por incursionar en la televisión con El Show de Garfield  y Los Nuevos Cuentos de Félix el Gato, aparte de ser discípulo de Jack Kirby, y el dibujante naturalizado mexicano y autor de caricaturas en la revista MAD, Sergio Aragonés, unieron esfuerzos una vez más para crear a Finster, un fan adolescente de los cómics común y corriente que trabajaba en una tienda de historietas y artículos relacionados con el mundillo que soñaba algún día convertirse en artista y desenvolverse plenamente en el noveno arte. Su título, una miniserie de 6 partes, recibía el nombre de Fanboy, en referencia a su status de aficionado a las revistas de héroes y a otras características derivadas de sus gustos como su ineptitud a nivel social.

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Finster, un héroe como pocos de los que surgieron a finales de la década de los noventas en DC.

Siempre rompiendo el cuarto muro, ya que era consciente de que existía en su propia miniserie, además que se dirigía a nosotros, Finster nos lleva a conocer su vida, no muy interesante salvo por sus ensoñaciones donde su realidad cotidiana se ve alterada por sus fantasías, donde la chica que le gusta, una animadora rubia llamada Kimberly, se muere por él, cuando en realidad el caso es a la inversa, siendo él constantemente rechazado, y el hecho de que su jefe, un hombre al que siempre se le ve comiendo, se vuelva un monstruo asqueroso ante sus ojos debido a que es un mal patrón. Pero gracias a su imaginación despierta, la vida de Finster mejorará un poco, y de paso nos regalará un rato divertido.

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Aparte le hace un favor a su jefe, el tragón.

A mitad de serie, Fanboy revela el que quizás sea su mejor historia, en la que un activista decide atacar a los cómics, argumentando que son nocivos para la juventud, y vanagloriándose frente a las cámaras al considerar que ataca una causa de declive en la sociedad actual. Esta historia es un reflejo de la crisis que sufrieron los cómics durante los cincuentas cuando un psiquiatra llamado Fredric Wertham publicó un libro sobre el peligro de exponer a los niños a los cómics de crimen y horror, que de manera subliminal los introducían al mundo del delito y el vicio, afectando seriamente la imagen de las historietas durante esta década, y especialmente a EC Comics, que se especializaba en hacer este tipo de revistas.

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Incluso Finster se toma la molestia de narrarnos los hechos, con dibujos de Marie Severin.

Así, la lucha de Finster por lidiar con el hecho de ser un marginado ante sus contemporáneos, se trasladaría a una lucha por sus ideales, tras verse acusado de vender cómics para adultos a un niño – por una trampa orquestada por el activista-, defendiendo el hecho de que los cómics no eran nocivos para nadie, a pesar de tener la opción de salir bajo palabra si se declaraba culpable. Y lo mejor es que durante la historia, Finster toma esta decisión al leer un número de Our Army at War, revista sobre relatos bélicos de la Segunda Guerra Mundial donde aparecía el Sargento Rock, con quien nuestro héroe participa como un hombre a su cargo, con la misión de defender a un bibliotecario de los nazis y su costumbre de quemarle los libros siempre que pasaban.

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Coger coraje en un cómic bélico implica más que hacer el saludo marcial, meter barriga y sacar pecho.

Aparte de las desventuras de Finster, que para él el mundo de los cómics y el mundo real eran casi lo mismo, ya que en cualquier momento se podía topar con Superman, Linterna Verde, o con la Liga de la Justicia, estaba su relación con Sandy, una chica que sentía más que admiración por el retraído nerd , ya que siempre estuvo a su lado cuando resolvía crisis con ayuda de su inteligencia, y que pese a que él nunca la notaba, no cejaba en su intención de estar a su lado y hacerle notar que él le gustaba, cosa que él ni siquiera sabía debido a su miedo al rechazo.

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Es que Finster tenía la gorra demasiado ajustada y por eso ni la notaba.

Aparte de tener a Aragonés como dibujante titular de Fanboy, Mark Evanier contó con el talento de varios artistas para secuencias de ensueño de Finster, o cuando un superhéroe de DC aparecía en la serie, como Jerry Ordway, Marie Severin, Frank Miller, Neal Adams, Bruce Timm, Bernie Wrighston y Phil Jimenez, entre otros, que conformaban un equipo creativo de auténtico lujo, y que resultaba en una combinación soberbia de artistas, inspirados por los argumentos de Evanier – a quien le envidio los diálogos que hace- para su historia.

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Y el homenaje a Batman incluyó una sustanciosa cantidad de colaboradores y estilos.

Los seis números de Fanboy impresos por Grupo Editorial Vid para la revista Super DC eran fáciles de conseguir a mediados del 2000 en las compraventas de libros y revistas y en los puestos de cómics callejeros, y contó con la publicación de sus dos números finales a modo de flip-book, siendo publicados los dos en un único número al que había que darle la vuelta para leer el siguiente. Así llegaron a mis manos junto a varias obras de la dupla Aragonés/Evanier, como eran Groo, Sergio Aragonés Masacra Marvel/Destruye DC y Día de los Muertos, y regularmente los leo sin hastiarme de las aventuras de Finster, personaje con el que los fans de los cómics podemos llegar a sentirnos identificados, en el caso de que nos consideremos marginados, aunque leer cómics ahora sea completamente aceptado gracias a la popularidad de los superhéroes en el cine.

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Ahora Finster sería considerado un chico genial, y hasta un erudito sobre cultura popular.

 

 

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