Si una madre hace lo que sea por sus hijos, un padre también: Black Jack, El Muñeco Calcinado, por Osamu Tezuka

Blog # 283 (Y con éste restan 82 blogs para completar el bonito experimento de un blog por día. Jeff Goldblum como Doctor Who según el documento con los nominados para el Casting de la película del 96. Jeff Goldblum…).

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Padres que quieren a sus hijos sin importar las condiciones.

 

Black Jack suele ser una serie cruda y dramática, en contraste a su estilo “infantil” influenciado por los personajes de las caricaturas de Disney, que en su tiempo sirvieron de inspiración para Osamu Tezuka. Eso es muy cierto, tanto como que los 7 años en los que sus aventuras se publicaron tuvo historias de todo tipo, que tocaban fibras sociales, e incluso se asentaban en la fantasía. La historia de hoy va perfecta para el mes del padre que apenas arranca, y que se presentará como un desafío para el genio del bisturí, pues su paciente será un gángster, que pese a frecuentar los bajos fondos, sabe el significado del amor paternal.

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Todo iba bien… hasta lo inevitable (Leer de derecha a izquierda).

 

Sin saberlo, Black Jack se topa en una juguetería donde compra un muñeco para su asistente, la pequeña Pinoko, a un gángster que entra al lugar para comprar a su hijo un robot. Ambos se cruzan malas miradas hasta que la transacción finaliza, pero hoy no sería el día del padre y el hijo, ya que una bomba que estaba en su auto se activa, prendiendo en llamas el automotor, del que el padre apenas logra salir, con su hijo envuelto en llamas, las cuales Black Jack alcanza a apagar al arrojarles encima el abrigo.

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Sea de una u otra forma, Black Jack parece estar en el lugar indicado siempre (¿O será el equivocado?).

 

El caso hace eco en la prensa nacional, mencionado como una rencilla entre yakuzas (mafia japonesa), y el diagnóstico del doctor que los atiende no es nada optimista, ya que si el padre consigue sobrevivir, las graves quemaduras en el cuerpo de su hijo le evitarán la respiración cutánea, condenándolo a una muerte en vida. Y cuando el diagnóstico es desalentador, sólo queda recurrir a Black Jack, quien está presente en la sala de espera, para una solución.

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Y se negó, como era de esperarse.

 

El Doctor que atiende al padre y al niño recibe una negativa rotunda de Black Jack, quien se niega a siquiera echarle un vistazo a sus pacientes porque sabe que involucrarse con pandilleros sólo le traerá problemas, con lo que se va, dejando clara su posición sobre el asunto.  Pero un descorazonador hallazgo le hará devolverse y reconsiderar la petición del Doctor, que ha visto el robot calcinado del hijo del mafioso y siente que debe hacer uso del juramento hipocrático – del que carece al no tener título, pero que conoce bien- para prestar su ayuda en tan difícil situación.

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El diagnóstico sigue siendo alentador, pero surge una solución.

 

Al apreciar el estado del pequeño, concuerda con el Doctor sobre que el chico no sobrevivirá a las quemaduras recibidas, que cubren un 60 % de su cuerpo. El padre, que está consciente, propone a Black Jack que tome su piel y se la trasplante al niño para que no fallezca a causa de la bomba que por poco les cuesta a la vida. Pero justo ahí ocurre lo que más se temía el Doctor, que unos yakuza rivales vengan para advertirles que no intervengan  a su rival, asegurando así su muerte.

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Que Black Jack no se deja amedrentar por nadie, y literalmente puede echar mano de lo que sea para cualquier percance que se presente.

Con ayuda de un estómago de animal que padecía disentería, Black Jack logra ahuyentar a los mafiosos, que debido al asco que les producía el órgano al que daban por sentado que era humano, salen del lugar, advirtiendo que tomarán represalias. Comienza la operación, y mientras se realizan injertos de la piel del padre al cuerpo del hijo, el Doctor que los atiende sigue expresando su pesimismo sobre el estado del niño, y que probablemente quedaría paralítico si al menos lograba recuperarse de las quemaduras. Y es justo ahí cuando Black Jack parece no soportar más de los lloriqueos del doctor y dejarle muy clara su posición sobre el asunto.

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Y es que ha hablado quien es todo un experto en superar la adversidad desde muy chico.

 

Luego de reprender al Doctor, Black Jack continúa con la intervención y cruza unas palabras con el gángster, quien le agradece por ofrecerse a salvar a su hijo, al que, muy a su pesar, no ha podido otorgarle una vida normal debido a sus vínculos en el mundo del hampa, y que a causa del tatuaje de yakuza en su espalda que le ven cuando se asea en un baño público, su hijo detesta que los vean en público. El trasplante continúa, pero en su fase final una bomba sacude al hospital, obra de los pandilleros de hace rato, con lo que la dificultad para operar al chico se eleva un poco más cuando el centro hospitalario se prende en llamas.

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Todo se junta para que la vida del niño no sea salvada. Pero Black Jack no es de los que se rinde.

 

Pese a la presión que sus colegas le imponen para que dejen el lugar, que el incendio provocado por la bomba es inminente, Black Jack termina de operar al hijo del gángster, y presta especial atención para que sea trasladado desde su camilla de manera cuidadosa por temor a que la piel implantada se caiga., incluso evitando que caigan escombros incendiados sobre el niño. Pero esta falta de atención a su propio bienestar está a punto de convertirse en una muerte segura cuando una viga en llamas está por caerle encima. Pero al final el Gángster sabe retribuirle a Hazama las atenciones prestadas a su hijo cuando hace el máximo sacrificio por el galeno.

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Y a pesar de una vida de crímenes al final se redime.

 

Apartando a Black Jack del camino de la viga, el Gángster sacrifica su propia vida recibiendo a cambio un golpe en la cabeza que le provoca la muerte, aunque antes sabe decirle al Cirujano de lo Imposible que cuide del niño. El hospital queda cubierto en llamas y pasan los días, en los que el ahora huérfano se recupera y se asea en un baño público, dejando en evidencia las cicatrices producto del trasplante de piel, de las que se siente tan orgulloso por tratarse de la piel de su padre, razón por la que no deja que los comentarios de los que lo ven lo amedrenten.

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Y Black Jack sigue siendo omnipresente.

 

Como ven, éste hombre que murió en estas páginas era un hombre de familia abnegado, al que no le preocupaba mucho su bienestar y quería lo mejor para su hijo, aunque por él se lamentaba por la vida que llevaba, esperando que su pequeño no siguiera sus pasos de grande. Tezuka daba en el clavo cuando de drama se trata, que gran parte de sus historias no son para llevarse a la ligera.

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Y pensar que Black Jack hace de figura paternal para la pequeña Pinoko.

 

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