Ocean´s Eleven a lo Hugo Pratt: Corto Maltés, Bajo la Bandera de Oro

Blog # 138 (Y con éste restan 227 blogs para completar el bonito experimento de un blog por día. Y si por lo que dije ayer esperaban ver una reseña sobre Corto Maltés, allá va).

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La viñeta que aparece en la portada de la edición Norma de Bajo la Bandera de Oro tuvo que ser escogida al azar…

Una vez Milo Manara, el dibujante italiano conocido por su estilo erótico – y la portada de Spider Woman que Marvel sacó del mercado el año pasado por parecer sexista y con supuestos errores anatómicos –, dijo de su amigo y colega Hugo Pratt que él contaba muy bien hasta los chistes. Tal vez por esa apreciación Pratt pudo dedicarse a la comedia en lugar del lápiz y a la pluma, pero no hubiera sido recordado de la misma forma por los fans del cómic de aventuras y un servidor, que el mundo le da gracias al autor por la creación del Verdadero Marino, Corto Maltés. Creado en 1967 por el dibujante italiano Hugo Pratt, su serie estaría ambientada en la primera mitad del siglo XX, donde vagaría por el mundo viviendo aventuras llenas de intriga y el exotismo de las tierras que visita, con una moral que no se inclina por el bien y la maldad absolutas mientras va en busca de tesoros y tierras que sólo pueden hallarse si uno hace parte de las leyendas donde se mencionan.

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Tan memorable es Corto, que su fama le valió el que una isla del Universo DC llevara su nombre.

Pratt continuaría con las aventuras de Corto, dándole un merecido y pacífico final en 1989, falleciendo el autor 6 años después, dejando detrás un legado de historias bien contadas donde su héroe epónimo – incluso un alter ego de él en los cómics – ganaría legiones de seguidores de todo el mundo con el paso de los años. Ya he tenido oportunidad de leer bastante de Corto Maltés, aunque no en el orden que quisiera, que La Biblioteca Gabriel García Márquez (El Tunal) no tiene toda la serie del aventurero completa guardando gran parte del material en el área de libros infantiles, donde tuve la oportunidad de leer buena parte de la saga de Las Célticas antes de prometer no volver en un largo tiempo – todavía no olvido la multa injustificada que me cobraron por un libro que se olvidaron registrar cuando extendí su préstamo – De las tres historias que leí, la segunda de la saga, Bajo la Bandera de Oro, fue sin duda la más fascinante, y eso que Corto apenas sí aparece, moviendo las piezas tras el escenario para que un ambicioso plan salga adelante.

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Y todo comienza con un monólogo en un globo de observación austriaco.

Durante la Primera Guerra Mundial, en una región italiana, Radetsky, miembro de la nobleza austriaca, y encargado del puesto de observación aéreo Dragoner 15, habla para sí mismo mientras mira un mapa donde ubica un lugar en Venecia llamado Siete Casonas, asegurando que después de que todo termine allí, será un hombre muy rico. Esto, claro, es una salida fácil para escapar del conflicto bélico, que se ha extendido demasiado y ya a los involucrados no parece interesar, salvo a sus superiores. Una vez pasa de hablar consigo mismo, transmite por radio al Teniente Borojevic unas coordenadas para que bombardeen a Siete Casonas debido a algo de movimiento de las tropas enemigas. A Borojevic esto se le hace muy extraño, y también a su amigo Brumowsky, que no comprende la razón de las coordenadas de Radetsky, que el día de ayer al sobrevolar Siete Casonas no había nada, salvo su regimiento de Ulanos – caballería con unos bigotes bien peinados y cascos raros-. Una vez que llega el mensaje a su superior, Radetsky se dispone a dar por medio de señales con un espejo la palabra clave T.I.N.T.O.R.E.T.T.O. para los demás miembros de su equipo, confiando en que un hombre al que llama “El Pirata” haya preparado el plan sin fallas para que salga todo como se tenía planeado.

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Escoceses, franceses y americanos. Todos con algo en común, y no es el hecho de que combatan todos al mismo tiempo en La Gran Guerra.

El mensaje de Radestky no sólo llega a sus aliados en otras filas militares, sino que les llega a todos, incluso a sus Borojevic y Brumowsky, que no comprenden el porqué del mensaje, con lo que intentan contactar con él. Sintiéndose sorprendido por sus aliados de armas, el vigía inventa la excusa de que se quedó sin teléfono unos momentos, y que en realidad quería decir Capporeto, porque un avión enemigo estaba en dirección a ese lugar. De paso, Radetsky Insiste de nuevo en el bombardeo a las coordenadas que dio, las cuales impiden el paso de los ulanos a Siete Casonas, donde una patrulla de soldados escoceses espera ir a buscar algo que “El Pirata”, les indicó que estaba allí.

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Y las piezas de la maquinaria de esta aventura comienzan a moverse rápidamente.

Brumowsky le comunica sus sospechas a Borojevic, que con un marcado odio a la nobleza austriaca, sospecha que las acciones aparentemente injustificadas de Radetsky se pueden traducir como parte de una traición, con lo que Brumowsky sugiere hacerlo bajar pero sin que sospeche.

En Siete Casonas, entretanto, los escoceses encuentran un tesoro conformado por lingotes de oro, El Oro de Nikita, perteneciente al Rey de Montenegro. Pero las cosas no irán tan bien para los soldados, que el bombardeo no mantuvo a raya a los ulanos.

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Justo cuando parecía que todo iba a pedir de boca…

Lo más sensato que los escoceses pueden hacer para justificar su presencia ante los ulanos en Siete Casonas es simular que les preparaban una emboscada a los jinetes, que además están interesados en buscar en la iglesia de la zona cera para aceitarse los bigotes – son muy vanidosos esos ulanos-, con lo que comienzan un intercambio de disparos de ambos bandos.

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Si no se ríen de los diálogos de esta secuencia, tienen que comenzar a preocuparse porque su sentido del humor no anda bien.

Esperando a que la ambulancia del ejército americano que se apegó al plan del pirata llegue, Radetsky tiene la seria sospecha de que el globo de observación ha estado descendiendo poco a poco. El austriaco comprueba que así es, que desde abajo lo han hecho descender 100 metros y que la razón por la que no le llegan mensajes de sus superiores es porque le han desconectado el teléfono. Al ver que Radetsky libera los cables que retenían el globo a tierra para ir arrastrado libremente por el viento, Borojevic llama al aeródromo austriaco para que derriben al observador, a lo que Brumowsky se ofrece para hacerlo él mismo desde su avión, porque le tiene mucha bronca a la nobleza, como ya sabemos.

En Siete Casonas, mientras transcurre el tiroteo entre ulanos y escoceses, hacen aparición en escena los aliados franceses de “El Pirata”, a escondidas de los austriacos para llevarse el oro en un camión que acaban de circular furtivamente en el pueblo bombardeado.

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En un cómic regular de Pratt es común ver desfilar muchos uniformes.

Una vez todo en el camión, escoceses y franceses dejan Siete Casonas, haciendo creer a los ulanos que huyen de ellos, y que han conquistado el pueblo, y además se han ganado algo de cera para encerarse los bigotes. Pero si las cosas van bien en tierra, en el aire están por ponerse feas, que Brumowsky, desde su avión, tiene en el blanco de mira a Radetsky, y está a punto de derribar el globo del vigía. Siendo el cuerpo flotante un blanco fácil, el globo vuela por los aires, pero Radetsky logra salir milagrosamente con vida como quien sabe que su muerte no será ese mismo día.

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Brumowsky debió de sentirse desilusionado después de comprobar que no redujo la tasa de aristócratas en el mundo.

Tanto austriacos como americanos ven como cae Radetsky a salvo desde su paracaídas, que el mismo vigía tampoco se cree la suerte que tiene. Como estaba planeado, los dos americanos, Hernestway y Sammie, llevan su ambulancia cerca al aristócrata y lo recogen, como tenía planeado por “El Pirata”. Desafortunadamente, comprueban que no toda la suerte del mundo acompañaba a Radetsky en el momento en el que fue derribado.

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Y Radetsky supo que tuvo demasiada suerte al salir caminando de esto, pero no la bastante para salir de una pieza.

Al ver la ambulancia americana, los austriacos la bombardean, hasta que esta sale de su rango de tiro. El Teniente Borojevic encuentra extraña la presencia del vehículo en la zona, y no logra conectar los hechos aislados unos con otros. Saliendo de las líneas enemigas, Hernestway y Sammie llegan la costa, donde esperan a encontrarse con los franceses.

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Todos están finalmente juntos, pero no es momento de cantar victoria.

Viéndose asediados por italianos y austriacos que miran en dirección al mar, vemos allí un barco griego donde su capitán Onatis, habla con el hombre que orquestó todo el plan, “El Pirata”, quien no resulta ser otro que Corto Maltés, quien ha pensado todo el plan cuidadosamente, paso por paso, con la colaboración de cada regimiento.

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La razón por la que Corto apenas sí aparece en esta historia es porque era quien dirigía desde las sombras a los que se aliaron por un objetivo común, la recuperación del Oro de Nikita.

Prometiendo la mitad del oro a quienes hicieron posible el trabajo, Corto llegó a enterarse que el tesoro del Rey de Montenegro estaba en siete casonas gracias a un agente montenegrino al que le ofreció recuperarlo si le concedía la mitad a él y a los que le ayudaran en la búsqueda. El agente accedió, sabiendo que el partido republicano de su país necesitaba los lingotes, accede, y Corto logra contactar con los ejércitos de varias naciones a través de las líneas enemigas para que le ayuden, teniendo a Radetsky para que desviara la atención de los austriacos, mientras los escoceses hallaban el oro en Siete Casonas y los franceses pasaban a recogerlo, dejando a los americanos encargarse de recoger a Radetsky una vez tocara tierra, mientras él y Onatis esperaban desde el mar para recoger a sus aliados al tesoro.

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Y así Corto Maltés comparte la opinión de muchos sobre la Gran Guerra.

Gracias a que austriacos e italianos se disparan unos a otros sin saber porqué, e iniciando un conflicto innecesario en el que los segundos no van a permitir a los primeros que conquisten Venecia, aunque no tenía eso en mente y sólo respondieron al intercambio de disparos, el grupo de Corto abandona la costa a bordo de una chalupa, que llega cerca al barco de Onatis, donde les espera celebrar por el éxito del plan de recuperación del tesoro.

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Al llegar a esta parte, casi que puedo imaginar a Hannibal Smith decir “me gusta cuando un plan sale bien”.

Corto felicita a todos por participar en la operación de rescate del Oro de Nikita, y se detiene a hablar con Hernestway, quien le dice que está a punto de terminar un libro que escribe. Aquí es bueno aclarar que Hugo Pratt incluyó a dos personajes famosos dentro de su historia pero con otros nombres, como el ya mencionado Hernestway, nombre que es un juego de palabras para ocultar el hecho de que en realidad es Ernest Hemmingway, escritor americano de Por Quién Doblan Las Campanas y El Viejo y el Mar, y ganador del Pulitzer. La otra figura histórica es el magnate griego Aristóteles Onasis, famoso propietario de la industria naviera del siglo XX, que bajo el nombre de Onatis, confiesa a Corto que comprará una flota pesquera con su parte del oro, y más adelante una flota de barcos petroleros.

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No serán ni los primeros ni últimos personajes famosos en pasar por las páginas de Corto Maltés, aunque con otros nombres, claro está.

Una aventura sorprendente, donde se ve que los conflictos humanos no son naturales al hombre, y que a pesar que a todos los involucrados los unía el amor por el oro, se puede notar camaradería y amistad en este grupo de recuperadores, a los que bien podrían dedicarle un spin-off, ya que Corto parece que regresará pronto de mano del guionista Juan Díaz canales y el dibujante Rubén Pellejero, ambos españoles. A esta historia, la segunda de Las Célticas, le seguirá un conflicto en Concierto en Do menor para arpa y nitroglicerina donde Corto irá a parar a Irlanda a velar por la memoria de un amigo revolucionario suyo, que si algo garantiza a este tomo, es que Corto no tendrá excusa para aburrirse allá donde vaya.

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Y otro día tal vez les hable de La Balada del Mar Salado, la obra con la que quería comenzar un ciclo de reseñas de las aventuras de Corto Maltés.

 

 

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