¿De vuelta a lo básico? Sherlock, The Abominable Bride

Blog # 132 (Y con éste restan 233 blogs para completar el bonito experimento de un blog por día. Antes advierto al lector interesado en saber mi opinión sobre el especial de Sherlock que tal vez suelte datos que arruinen su experiencia sobre el mismo si antes no lo ha visto. En otras palabras, puede que haya spoilers).

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El Sherlock de Gatiss y Moffat en un caso que lo traslada de vuelta al siglo XIX en un caso “condimentado” con circunstancias sobrenaturales. Que le queda todavía tela por cortar al Sherlock de la serie homónima.

Incluso desde antes de dedicarme a leer una tras otra las novelas e historias recopiladas de Sherlock Holmes – eso, el año pasado, que leí hasta La Aventura de la Melena de León – Siempre he considerado que lo que más atrae del sinfín de versiones hechas durante los años sobre Sherlock Holmes y sus aventuras, es el método que usa para descubrir la verdad en los casos que le suelen caer encima. Que sin importar si es un perro, está en el futuro, o si Robert Downey Jr. lo interpreta, lo que siempre va a hacer que el público se siente a ver determinada versión de sus historias es ver cómo pone en práctica su método de observación y deducción para resolver los casos más difíciles. Y seguramente que eso aplica para esa versión moderna elaborada por Mark Gatiss y Steven Moffat para la BBC que se viene transmitiendo de manera más o menos regular desde 2010.

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Hay que ver lo mal que los fans se toman el hecho de que Holmes y Watson vivan juntos en esta versión moderna, que insinúan que pueden tener algo, como si dos hombres no pudieran vivir juntos en el mismo apartamento como compañeros contra el crimen.

Mi acercamiento a Sherlock empezó desde 2014, cuando por Señal Colombia emitieron las dos primeras temporadas como parte de la programación relacionada con la literatura por ser el mes de Abril, viéndola sólo para comparar qué tanto se parecía el Sherlock Holmes de la serie con el Rey de los Detectives que debutaba en la hasta ese momento única novela que leí de él, Estudio en Escarlata. Con letreros volando aquí y allá mientras deducía, y secuencias reconstrucciones de escenas del crimen que nada tenían que envidiarle a Matrix, la serie no me animó a seguirla luego de ver su segunda temporada, que en realidad no quería hacerme un lugar entre los “Sherlockians” ni rasgarme las vestiduras esperando a que se terminaran los extensos hiatos entre una temporada y otra. Pero bueno, siendo más fan de una versión tradicional del personaje y su universo particular, le di una oportunidad al especial, que se estrenó recién ayer con motivo del comienzo del año, y que trasladaba al enjuto Benedict Cumberbach y a Martin Freeman a una época donde la investigación forense no estaba lo bastante avanzada, y el mayor exponente de esta rama era un excéntrico caballero que arrendaba una habitación en el 221B de Baker Street.

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La recreación del comienzo de la serie en su modo “vintage” y victoriano. Mismo tratamiento recibió el intro.

Con la historia comenzando con la narración del médico militar John Watson, quien por recomendación de un amigo se conocía con un singular personaje que golpeaba un cadáver para comprobar la apariencia de los moretones en un estado post mortem – y que es sin duda similar al comienzo de Estudio en Rosa, episodio basado en la novela Estudio en Escarlata -, nos presentan de nuevo a Sherlock Holmes, caballero victoriano dedicado a resolver casos de difícil resolución sólo por sacudirse el aburrimiento mientras colabora con Scotland Yard para combatir los bajos fondos. La ambientación del Londres de finales del siglo XIX es básicamente perfecta, cosa que podemos dar por sentado desde lo arquitectónico hasta lo social. Se nos presenta a la Sra. Hudson, quien parece increpar con Watson por darle poco protagonismo y casi ninguna línea en las historias, y por supuesto, a Mary Watson, esposa del Doctor desde La Marca de los Cuatro, y que se las ingenia para encontrarse con su ausente marido presentándose en las habitaciones de Holmes como una cliente más.

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La Sra. Hudson quejándose de que sólo es mencionada en los relatos del detective como la que sirve el desayuno y lleva la correspondencia, y Mary Watson haciendo uso de sus recursos para verse con su marido. Sí, desde un principio la historia ataca ese machismo característico de la era victoriana.

El caso que esta vez Sherlock Holmes debe dedicarse a resolver se sale de los casos convencionales que el detective tiene que investigar, ya que el de esta ocasión no está basado en ninguno de la obra de Conan Doyle, salvo por algunos guiños, referentes y menciones – como el caso del Carbunclo Azul, que se menciona ha sido recién publicado por el Strand Magazine-, y el cual le es presentado por el detective Lestrade, que pide ayuda al detective para dar con la solución sobre el caso de Emelia Ricoletti, una mujer que en su aniversario de boda salió vestida de novia, y armada a dos pistolas, comenzó a disparar a todo lo que se moviera desde su balcón hasta suicidarse de un disparo en la boca. Pero el caso empeoró cuando antes de que su esposo fuera a identificarla a la morgue, Emelia reapareció cerca del fumadero de opio que el Sr. Ricoletti frecuentaba para matarlo, como si fuera el cadáver resucitado de la difunta. ¿Un misterio proveniente del más allá o una forma de distraer a las autoridades de la verdadera causa de los hechos? Como buenos holmesianos sabemos que lo más probable es lo segundo.

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Una novia muerta que regresa para cumplir su venganza. Un relato digno de un Penny Dreadful.

Pero como de costumbre, Holmes no estará solo en el asunto, que aparte de Watson y Lestrade, la contraparte victoriana de la forense Molly Hooper ocupará el mismo cargo que su versión de la serie regular, pero con el añadido de que se hace pasar por hombre para dedicarse a trabajar en la morgue en una sociedad que relega a la mujer a prepararse para ser una abnegada esposa y ama de casa. Además, habrá una visita al Club Diógenes, aquel creado por el solo hecho de albergar a los caballeros poco sociables para que puedan leer sin interacción humana de ningún tipo su periódico, y por supuesto a su fundador, el hermano mayor de Sherlock, Mycroft, que aquí se nos presenta obeso y rodeado de un banquete navideño del que se sirve generosas porciones mientras apuesta con Sherlock cuanto le queda de vida si sigue llevando un régimen alimenticio tan poco saludable, y que además le sugerirá que siga un caso que Holmes descubrirá que está enlazado con el caso que le presenta Lestrade.

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Una científica forense transexual y un obeso per muy listo empleado del ministerio. Nada sutil la forma de introducirnos a Molly Hooper y Mycroft Holmes aquí.

Al ver a su clienta, Lady Carmichael, Holmes y Watson nos presentan el guiño a Cinco Semillas de Naranja cuando la aterrada mujer les comenta que su marido ha recibido 5 pepitas de la fruta en un sobre, y por si no fuera poco, al esposo de la mujer se le presenta la novia fantasma, quien le asegura que morirá en la noche. Con la vida del marido en sus manos, Holmes decide hacer uso de su táctica de esperar en la oscuridad hasta que los culpables aparezcan, para evitar el homicidio, pero por más que desee, tal vez no pueda ser capaz de preservar esa vida. Algo memorable durante este momento de vigía es la comparación que hace Watson entre el Holmes de las novelas, frío, calculador y poco apegado a los sentimientos, con el Holmes “real” cuando le pregunta si para él hubo alguien a quien considerara amar, alguien como la Irene Adler a la que pertenece la foto que lleva en su reloj de bolsillo, haciéndonos un contraste entre el ser humano en el que el buen Doctor basa al personaje literario de las historias que publica el Strand.

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La Banda de Lunares y La Aventura de la Casa Vacía son sin duda dos historias que nos dejan claro que Holmes sabe hacer uso de su paciencia para llegar a la resolución de sus casos.

Pero por si el caso no fuera más extraño con el fantasma de una novia rondando por ahí, en medio de un trance provocado por días de meditación y la inoculación de cocaína, Sherlock tendrá un encuentro con su principal némesis, el profesor Moriarty, quien parece que sobrevivió a su primer y último encuentro en El Problema Final, y que parece sacar de balance el mundo de Holmes como un virus en un disco duro, para llevarlo de vuelta al siglo XXI donde es víctima del abuso de sustancias, que le permiten ubicarse mentalmente en una especie de “palacio mental” mientras está en compañía de John y Mary Watson, y su hermano Mycroft, buscando resolver un caso que lleva sin resolverse más 120 años.

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Bofetada para quienes esperaban un especial totalmente ambientado en la época original del genial detective.

Sí, es un momento bastante raro de la historia, que hay momentos en los que parece dejarse claro que ambos Holmes coexisten en dos universos y épocas distintas, y que comparten un “enlace dimensional” que les permite acceder a la época de uno y otro gracias al trance ocasionado por los alucinógenos, resolviendo así un caso de difícil resolución de 1895 desde mediados de la década de 2010.

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Personalmente me quedo con el Moriarty de las novelas. Éste me inquieta porque parece que fuera a morder y a arrancar un buen bocado en el proceso.

Pero sea como sea, el especial no deja indiferente a nadie, tanto a aficionados a las aventuras literarias de Holmes y Watson como al fandom forjado alrededor de la serie de la BBC, casi como si conectara ambos terrenos del Universo Holmesiano para propios y extraños a uno y otro, que bien no todos los que ven Sherlock han leído las novelas e historias, y no todos los lectores de Holmes han podido ver la serie. A pesar de tener a Moffat coescribiendo esta historia – realmente no soy muy fan del escritor-, siempre es grato recibir un nuevo relato sobre el Rey de los Detectives, que sigue inagotable y vivo en historias no canónicas y adaptaciones a diversos medios desde hace más de dos siglos.

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Sherlock Holmes, un hombre adelantado a su época y demás halagos a su talento que se quedan cortos para describir la magnitud la presencia de este personaje literario.
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