¡Feliz Cumpleaños, Alan Moore!: Los Límites de la Jungla, por Moore, Rick Veitch y Al Williamson

Blog # 88 (Y con éste restan 277 blogs para completar el bonito experimento de un blog por día. Y al igual que Jack Kirby, Alan Moore también se merece dos artículos en homenaje a su persona).

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Mother$%&@*[ Superman!
Para 1985 Swamp Thing era ya un título que brillaba con luz propia en la editorial DC Cómics, que debió sorprender a todos que el título que nadie parecía tomar en serio ni como cómic de terror fuera una de las revistas que les devengara más ventas a la editorial. Esto sin duda le valió a Alan Moore, guionista de la serie desde el # 20, que DC quisiera ponerlo a trabajar con otros personajes. Y así fue como llegó a ocuparse de escribir algunas historias para Superman -3 en total hasta donde estoy enterado- todas ellas en las que daba su aporte a la leyenda del Último Hijo de Krypton y ponía en riesgo su vida, logrando poner su existencia al límite con horrores que iban desde lo onírico, lo epidémico y lo moral. Pero hoy nos vamos a concentrar en el segundo punto que acabo de mencionar, en el epidémico, que leerán hoy mi reseña de cómo una vez el Bardo de Northampton puso a sufrir a Superman con una fiebre mortal que estuvo a punto de matarlo, en Los Límites de la Jungla.

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Sí, que Alan Moore le dejó barba a Superman antes que se les ocurriera a los de Man of Steel.

Superman al principio de la historia no parece ni la mitad de “Super” de lo que figura ser en las portadas de sus cómics, que un agente patógeno relacionado con un musgo que crece en un meteorito lo ha enfermado gravemente, a tal grado que lo tiene al borde de la muerte. Y si algo así es capaz de enfermar al Hombre de Acero, es algo que merece estar en el interior de un agujero negro, creo yo. Con la premisa establecida sobre la hora final de Superman, recorremos con él sus recuerdos, que lo llevan hasta varios días atrás, cuando asistía a una conferencia en el Instituto para Estudios Extraterrestres como corresponsal del Planeta junto a Lana Lang, en el que se daba una exposición sobre un hongo encontrado en un fragmento de meteorito. Al analizarlo, Superman encuentra familiar aquella forma de vida cuasi vegetal, que lo más probable es que provenga de Kripton.

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Hay que ver lo que ve quien puede verlo casi todo.

Sintiéndose enfermo, Clark y Lana salen de la conferencia, y así en su enfermedad, Superman recuerda haber sabido algo antes del hongo que lo enfermó, el cual sí es kriptoniano, y proviene de la Jungla Escarlata del planeta, y que además se le atribuye una alta tasa de mortalidad al infectado, al que antes le provoca fiebres, debilitamiento, alucinaciones, incapacidad física, y finalmente la muerte. Y así, esta enfermedad, para quien nunca en su vida había sentido el dolor de un pinchazo o una gripa, lo pone al nivel de los mortales.

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A que nunca se imaginaron a Superman teniendo que recurrir al metro como Clark Kent porque no se sentía bien para volar.

Con sus poderes yendo y viniendo, Superman decide llegar al fondo del asunto y pide prestado el meteorito al Instituto para Estudios Extraterrestres para descubrir una posible cura a su condición, pero el virus del hongo lo ha afectado tanto, que su visión microscópica falla y no le permite estudiar con la mirada el hongo. Conformado a morir, Superman entonces escoge el lugar donde lo hará, apartado de sus amigos y seres queridos – y sin hacer dramas, como ven- en el único lugar donde está seguro que no hay ni un solo superhéroe, la región sur del país. Pero hay problemas cuando conduce el auto alquilado que solicitó para llegar hasta allí, y es que la enfermedad ya lo tiene en las últimas y hace que choque el auto en un aparatoso accidente.

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Al que le alquiló el carro no le va a gustar esto. A menos que Superman le dé una “Superdisculpa”.

Superman logra salir del auto en llamas con el meteorito, para caer exhausto en la hierba. En su estado no repara a dónde ha ido a parar, pero cuando vemos que una criatura verdosa y de origen vegetal se le acerca, de inmediato queda claro que la Maravilla de Metropolis ha llegado al pantano de Houma, en Louisiana, y su más célebre ocupante, Swamp Thing lo recibe.

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Y Swamp Thing nos deja bien claro que a falta de gafas, a Superman la identidad secreta no se le nota si lleva barba.

Swamp Thing entonces descubre el objeto que acuna el misterioso hombre que llegó a su pantano, y al intentar hacer contacto a través del Verdor con el musgo en su superficie, se encuentra teletransportado a la Jungla Escarlata de Krypton, un ambiente tan hostil que lo obliga enseguida a romper el vínculo con la planta. Luego de observarlo atentamente, le retira la chaqueta chamuscada, y bajo ella descubre el traje de Superman – que sí, que Superman se lo puso como de costumbre, aunque fuera a morir-, pero justo ahí siente el calor de su visión calorífica quemándole el pecho, que Superman lo ha creído una de sus alucinaciones de las criaturas extintas de la Jungla Escarlata y lo ataca, luego de destruir el bosque aledaño del pantano con sus poderes.

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Y por razones como esta, que a nadie se le ocurra coger a Superman en un mal día.

Luego de intentar mantener contacto con el musgo y con Superman, Swamp Thing falla, que el Hombre de Acero sigue viéndolo como un enemigo. Pero gracias a la persistencia de nuestro amigo vegetal, logra hacer contacto con el Verdor para curar a Superman del hongo de la Jungla Escarlata.

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Y al tercer acto de esta historia, paz.

Gracias a los poderes de Swamp Thing, Superman se salva de una muerte segura. Un acontecimiento que supera con amplias márgenes la historia donde Kal-El se acaba a golpes con Doomsday, que esta historia de Moore lo que tiene es peso dramático, y aunque Grant Morrison llega a tocar el tema ampliamente en Allstar Superman, aquí sin duda pasó primero. Swamp Thing, tan sencillo como es, decide dejar sólo al héroe una vez nota que los síntomas de su enfermedad desaparecen favorablemetne, sin esperar a que recupere el sentido para recibir al menos un gracias. Pero para Superman esta será una gran lección, que le permitirá valorar mucho más su tiempo de vida.

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Si no imaginaban cómo Superman se afeitaba la barba, pues acá se enteran cómo se encarga de eso.

Al repasar historias como esta, es cuando lamento que Alan Moore se haya alejado definitivamente de los cómics de Superhéroes. Sin duda daba una mirada más madura y fantástica al género, y aunque se lo llegaron a imitar de mala manera durante los noventas, Moore consideró sentirse culpable de la decadencia del cómic, y sin pedírselo, le retribuyó al medio y a los fans con historias que rescataban los valores e ideas de los cómics clásicos, los cuales nunca debieron dejarse en el olvido. Ojalá algún día el autor nos regale al menos una historia corta donde un héroe bueno hace el bien, sobreponiéndose al mal más bizarro que pueda engendrar los horrores del oscuro rincón del universo conocido.

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Y Superman nunca sabría quien lo salvó de morir por las esporas de un hongo de su natal Krypton.
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