A la víspera de Halloween, dos cuentos cortos: Criaturas de la Noche, de Neil Gaiman y Michael Zulli.

Blog # 70 (Y con éste restan 295 blogs para completar el bonito experimento de un blog por día. Y este artículo iba para la noche de ayer, pero con la reseña de las OVAs de Darkstalkers pendiente de terminar tuve que aplazarlo para hoy).

Cuanta fantasía y maldad hay en las páginas de este libro.
Cuanta fantasía y maldad hay en las páginas de este libro.
Recuerdo bien cuando tuve mi etapa de Neil Gaiman. Ésta como las etapas de Grant Morrison, Warren Ellis y Alan Moore, tuvo sus edades, la de oro correspondía a las lecturas de Sandman, que comencé con Muerte: El Alto Coste de la Vida, la de plata a derivados y spin-offs de Sandman, y también con Stardust, y la de bronce con obras cortas del autor. Ahí entraron cómics como el que Gaiman hizo sobre el títere del teatro guiñol Mr. Punch –el nombre es muy largo, así que pongo sólo que se llama Mr. Punch- , Corazón de Arlequín, y un cómic de más de 40 páginas que incluía dos historias cortas de Gaiman dibujadas por Michael Zulli, responsable por el penúltimo número de Sandman de El Velatorio, que terminaba con Daniel Hall reuniéndose con los Eternos. Estas historias tenían como protagonistas, de una u otra forma, a los gatos y a los búhos, y mientras que una de las historias me pareció de admirar, la otra me dejó el corazón en un puño. Ya yendo al grano, Criaturas de la noche es el tema de mi reseña de hoy.
Comencemos con la  primera, Precio, que seguro va a gustar más porque tiene gatos.
Comencemos con la primera, Precio, que seguro va a gustar más porque tiene gatos.
Precio, historia ya vista en el recopilatorio Humo y Espejos, es una historia sobre un gato negro que se queda en la casa de un escritor, y así como en El Gato Negro de Poe, esta criatura no es nada corriente, pero ya verán porqué. Antes veamos la narración del protagonista sobre los gatos, que resume los cuidados que les dan los humanos a los populares felinos que acogen luego de una vida de vagar por ahí, y que además de enternecer, hace que uno se sienta culpable por ello.
Yo sé que la idea de castrar a los gatos es evitar la sobrepoblación de estas criaturas, pero sigue sin dejar de ser cruel.
Yo sé que la idea de castrar a los gatos es evitar la sobrepoblación de estas criaturas, pero sigue sin dejar de ser cruel.
Así el autor pasa a presentarnos a sus gatos, que vinieron y se asentaron con los años, describiendo la personalidad, hábitos y apariencia de cada uno. Pero al único que no parece describir con el mismo afecto que a los otros, es a un gato negro que hace poco había llegado a su hogar, y que se veía lo bastante en forma para no parecer un gato vagabundo.
Los amantes a los gatos y a los detalles adorarán esta página.
Los amantes a los gatos y a los detalles adorarán esta página.
El narrador comenta que el gato, al cual sólo llama a secas Gato Negro, posee buena forma y hasta parece una panera pequeña, y que pudo venir de una granja cercana, porque su casa queda en una zona rural – algo así como un santuario de escritor para laborar en paz y armonía- . Luego de volver de un viaje de trabajo, el protagonista comenta que encontró al gato con heridas en el rostro, como si se hubiera peleado, y es justo ahí cuando comienzan a ocurrir las cosas raras.
El animal es literalmente un guerrero.
El animal es literalmente un guerrero.
Debido al mal estado y heridas del animal, el escritor se compadece y decide proveerle medicinas para que cure sus heridas, mientras sigue cavilando acerca de en qué circunstancias el animal salió herido. Salen a relucir sospechosos, como mapaches, zarigüeyas o ratas, pero pasan las noches, y el gato sigue recibiendo más heridas, con lo que el narrador decide llevárselo al sótano para que se recupere. Pero ocasionalmente la vida se le empieza a deshacer a cachitos.
Esto incluso  se lee como si le hubiera llegado a pasar a Neil Gaiman.
Esto incluso se lee como si le hubiera llegado a pasar a Neil Gaiman.
Cartas de su hija, que la pasaba mal, un rechazo de una adaptación de una novela a serie para la BBC, y la pela de su hijo con su mejor amigo son algunas de las cosas que le ocurren al escritor, que viendo que no puede pasarle nada peor, recuerda que tiene un gato encerrado en el sótano, y al que decide sacar al aire libre. Y es ahí cuando lo inexplicable sucede.
El gato sale, y la vida le comienza a mejorar al protagonista, a costa de la integridad física del pobre gato.
El gato sale, y la vida le comienza a mejorar al protagonista, a costa de la integridad física del pobre gato.
Intrigado, el narrador decide ir al fondo del misterio, y luego de despedirse del gato, decide esperar qué ocurre desde dentro de la casa, usando unos lentes de visión nocturna para ver mejor lo que sea que le causa las heridas a Gato Negro. Pero aquello es algo a lo que el escritor no estaba para nada preparado.
 Y al final valió la pena desvelarse, aunque lo que sea que esté viendo sea algo de miedo.
Y al final valió la pena desvelarse, aunque lo que sea que esté viendo sea algo de miedo.
El diablo llegaba así como varias noches atrás a la casa del escritor, responsable de las desgracias que le ocurrían, y las cuales eran mantenidas a raya por el mismo Gato Negro, que decidía luchar contra el demonio, capaz de alterar su forma durante el combate con el noble animal.
Y desde entonces, nada de que los gatos negros atraen la mala suerte.
Y desde entonces, nada de que los gatos negros atraen la mala suerte.
Luego de vencer al demonio, que se alejó derrotado, el narrador sale y recibe al pobre animal, en un estado de pena. El protagonista no puede hacer más salvo agradecerle y curarle algo las heridas, mientras con el pasar de las noches, la pobre criatura se pone más enferma por los enfrentamientos con la criatura, para mantener la casa a salvo de la maldad.
Terminada esta historia, le sigue otra que nos habla sobre los búhos, y una hija hipotética de estas criaturas que protagoniza el siguiente relato, llamado de manera muy apropiada La Hija de los Búhos.
La historia es difícil de leer por culpa de la cursiva, que da a entender que es así porque se está escribiendo.
La historia es difícil de leer por culpa de la cursiva, que da a entender que es así porque se está escribiendo.
A finales del siglo XIX, un escritor, Aubrey Jhons recibe un relato de un hombre para que lo agregue a una obra de historias cortas que escribe. El cuento, al parecer muy antiguo habla sobre una bebé encontrada en las escaleras de un convento que causó pavor a las religiosas que la encontraron – ¿quien carajos le teme a un bebé? – , y que además le da más razones para temer porque el bebé sostiene en una mano una bola seca de excemento de búho. La historia corre de boca en boca con las mujeres del pueblo, y deciden que por el hecho de que la niña tuviera caca de búho, que era hija de búhos, y que por eso debería ser quemada en la hoguera. Cuando la estupidez está a punto de primar en la decisión sobre el destino de la niña, los hombres sabios del pueblo deciden que la niña no debe morir, pero debe ser recluída el resto de su vida en un convento a las afueras, sin darle oportunidad de salir. Esto es benévolo, pero no grato.
No podemos evitar compadecernos ante la pobrecilla.
No podemos evitar compadecernos ante la pobrecilla.
La niña es dejada en el viejo convento y dejada al cuidado de una mujer anciana que en otros tiempos había sido monja, y como si la niña fuera maldecida por el sólo hecho de llevar porquería de pájaro, la mujer tampoco le ofrece atenciones, salvo alimentarla para mantenerla con vida. Pero la mujer muere, y la niña queda sola, encargándose a una mujer de la aldea que le lleve comida. Y es ella que descubre, 16 años después, que la niña es ahora una mujer, y una muy hermosa.
En tiempos antiguos, tanto la belleza como la fealdad no se salvaban de un destino triste.
En tiempos antiguos, tanto la belleza como la fealdad no se salvaban de un destino triste.
La mujer cuenta a todos sobre la niña, que es muy bella y pasa sus días recorriendo el castillo de arriba abajo, y que además, por no haber oído la palabra de nadie no sabe hablar. Y esta historia interesa más, sobre todo a los hombres del pueblo, que ven positivo el que la niña no hable y que esté a las afueras, para darle una visita.
Las tristes consecuencias de la estupidez y superstición humana.
Las tristes consecuencias de la estupidez y superstición humana.
La niña termina siendo violada por los jóvenes y viejos de la aldea, que encubrían su horrible misión diciendo a sus esposas e hijas que irían juntos a cazar. Y así, de manera paralela, los sueños de las mujeres del pueblo son perturbados por sueños donde se ven víctimas de los búhos y lechuzas, que les caen encima luego de que se ven convertidas en ratonas y ratas. Esto, casi una premonición, les hace temer sobre el destino de sus maridos e hijos, que al día siguiente no vuelven, y deciden ir a buscarlos.
Y antes quedó algo de esos demonios bastardos.
Y antes quedó algo de esos demonios bastardos.
Luego de buscar aquí y allá, llegan hasta el convento, y revisan el sótano, donde encuentran excremento de búho, que al desmoronarlo le encuentran monedas, hebillas, y hasta anillos de boda de los hombres de la aldea. Esto deja en claro que les pudo pasar, y la historia concluye con un párrafo que explica que desde entonces, en las noches, se llega a ver una figura similar a la de la pobre niña sobre construcciones y árboles altos a la luz de la luna.
Y pasó de ser una pobre niña sola en el mundo a un espanto de leyenda.
Y pasó de ser una pobre niña sola en el mundo a un espanto de leyenda.
Bien ambas son historias que manejan bastante bien el terror y la fantasía, y aunque con la segunda historia casi uno se desespera por la negligencia de las personas hacia una pobre huérfana sin nadie en el mundo, luego es de recordar que esta sólo es una historia, como todas, y que para enganchar debe tener algo de trágico, y algo de fantasía, para fascinar y entretener al lector. Y para terminar, lamento los destinos de ambos, del pobre y magullado guardián felino, y a la pobre y triste doncella, ambas criaturas de la noche.
Tengan gratos sueños, mis lectores.
Tengan gratos sueños, mis lectores.

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