Fantasía medieval en “Terra Incógnita”: El Espíritu Perdido, de Gwen de Bonneval & Matthieu Bonhomme

Blog #36 (Y con éste restan 329 blogs para completar el bonito experimento de un blog por día. Y en menos de nada, Octubre, y de manera extraña, decoración navideña antes de tiempo).

Porque montar un pegaso ya es muy cliché, mejor hacerlo sobre un grifo.
Porque montar un pegaso ya es muy cliché, mejor hacerlo sobre un grifo.

Un día, curioseando entre el estante donde la biblioteca Luis Ángel Arango reúne su selección de cómics, gran parte de ellos de Norma Editorial, me llamó la atención uno que en su lomo tenía la imagen de un Blemyah -un ser sin cabeza pero con los ojos, nariz y boca en el pecho- y eso me trajo recuerdos, de cuando conocí por primera vez a esa criatura, mientras ojeaba un libro que hablaba sobre la Terra Incógnita, trabajo medieval que reunía las razas monstruosas que habitaban rincones del mundo que todavía faltaban por ser explorados por los hombres. Como el gancho del Blemyah fue suficiente para atraer mi atención, dejé de buscar un tomo con historias cortas de Mike Mignola y me lo llevé para ojearlo. Y en aquella novela gráfica había mucho más para ver que monstruos.

El protagonista es un niño al que no le va muy bien lo cristiano.
El protagonista es un niño al que no le va muy bien lo cristiano.

La historia se desarrolla en la Edad Media, y en esta dura época de señores feudales y vasallos, Gillaume de Saunhac, nieto de un viejo Conde, emprende la búsqueda del espíritu de su padre quien antes de morir de forma misteriosa practicaba la comunión con la naturaleza y desarrollaba formas de curar a base de medicina natural. Para guiarse, Gillaume va tras su hermana – quien se le adelantó en su búsqueda-, dejando atrás a su madre y a su padrastro, el comisario Brifaut, responsable de mantener los saqueos en las aldeas del condado de manera controlada para algún día detenerlos de seco y autoproclamarse un pacificador.

Son tiempos duros y no sólo para los niños. Pero siempre habrá algo de esperanza.
Son tiempos duros y no sólo para los niños. Pero siempre habrá algo de esperanza.

Pero en su camino no podrá evitar toparse con personajes curiosos, como el caso del Caballero de Brabançon, un guerrero fuerte y leal que lo sacará de apuros hasta llegar con Ysane, su tía, y que como su padre, también practicaba la medicina mágica y natural. A partir de ahí, el pequeño Gillaume irá acompañado por Courtepointe, un galante trovador al que Ysane encomienda junto con el Caballero de Brabançon la protección de su sobrino , y una cabra que no parece despegársele al chico.

Vaya grupo. Casi podría compararlos con los Músicos de Bremen.
Vaya grupo. Casi podría compararlos con los Músicos de Bremen.

En el camino encontrarán a una banda de ladrones con los que el Caballero estuvo emparentado en el pasado, y que secuestrarán a Gillaume para pedir rescate por él a su abuelo, el Conde de de Saunhac, pero las cosas irán de mal en peor cuando, en medio de la batalla para huir, el jefe de los ladrones intenta matar al chico. Pero la muerte segura no lleva a Gillaume a la luz al final del túnel precisamente.

Esos, niños, se llaman Blemyahs.
Esos, niños, se llaman Blemyahs.

Por alguna razón, Gillaume y su cabra son transportados a una tierra mítica donde viven la raza de seres acéfalos llamados Blemyahs – mi principal razón para leer esta novela gráfica, como les explicaba al comienzo-, a los que puede entender por medio de la piedra que tomó de la tumba de su padre antes de partir en su viaje. Así se hace amigo de Acéforo, un Blemyah de ojos claros que quiere conocer que hay más allá del mar, y decide llevarlo más allá del océano de arena, donde el chico se encontrará con su padre.

Gillaume y Acéforo son una de las parejas de aventureros más inusuales de la historia de los cómics.
Gillaume y Acéforo son una de las parejas de aventureros más inusuales de la historia de los cómics.

Juntos llegarán, atraídos por la trampa de criaturas pez con cara de niño a la tierra de los Cinocéfalos, hombres con cabeza de perro que los encerrarán junto a varias criaturas que se harán conocidas a cualquiera que esté familiarizado con bestiarios que hablen sobre las razas grotescas que habitan los rincones desconocidos de la Tierra.

Como quisiera ver una página así de poblada con tal cantidad de “monstruos” para La Hija de Atlas.
Como quisiera ver una página así de poblada con tal cantidad de “monstruos” para La Hija de Atlas.

Y como no deseo contarles el resto de la historia, esperando a que un día se antojen de leerla completa, quedo satisfecho con dejarles claro el argumento principal, que gira en torno a la búsqueda de Gillaume y acerca de las razas monstruosas que la historia toma prestadas de los bestiarios medievales. Aquí para mí destaca, además de la brillante imaginación de Gwen de Boneval, el talento artístico de Matthieu Bonhomme, un autor muy versátil que es capaz de plasmarnos su visión del mundo medieval y al mismo tiempo el cómo las gentes de aquel entonces consideraban que era las tierras que todavía no eran exploradas, y al que he visto trabajar en Omni-visibilis, un cómic ambientado en el presente, y que deja claro que al dibujante no le queda grande época, lugar, persona o cosa para plasmar en el papel.

Bonhomme también echa mano del arte de El Bosco y Brueghel como referencia para dibujar una versión del infierno.
Bonhomme también echa mano del arte de El Bosco y Brueghel como referencia para dibujar una versión del infierno.

¿Buscan aventura? La tienen ¿Criaturas fantásticas? Las tienen ¿Villanía en extremo y campeones para combatirla? También. El Espíritu Perdido, una historia que podría considerarla pensada para los niños, pero que por ciertos elementos adultos podría retractarme y razonarla inclasificable, y que espero pronto conseguir barata para añadirla a mi colección de cómic.

Disponible en tomo integral  en blanco y negro, y en tres tomos a color, para todos los gustos.
Disponible en tomo integral en blanco y negro, y en tres tomos a color, para todos los gustos.
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